miércoles, 8 de octubre de 2008

3. Truenos en la oscuridad

De niño, pocas cosas me asustaban. No tenía miedo de las arañas, o de las lombrices, o de los abejones, que en mayo servían de misiles para cuando carajillo tequioso (niño con déficit atencional) había en el colegio, para torturar a quienes se sentían paralizados ante la idea de que un abejón les tocara la piel.

Pero algo que me causaba gran impresión, al borde del temor, eran los truenos que se veían en la noche en las montañas cartagas o heredianas, era como si Vulcano sacara de pronto su cámara fotográfica y se pusiera a tomar fotos... esos flashes en las noches, aun me causan escalofríos.

Hoy ha sido precisamente ese tipo de día. He tenido truenos en la oscuridad. Muchos truenos, mucha oscuridad.

Racionalmente se que la quimioterapia es algo que puedo superar. Se que la intención del tratamiento es eliminar cualquier posibilidad de que el osteosarcoma se haya trasladado a otras partes del cuerpo, sobre todo a las que son su comida favorita: pulmones, hígado y cerebro.

Pero no puedo alejar de mí la certeza de que estoy a punto de iniciar un proceso voluntario de envenenamiento, en el que someteré a mi cuerpo a una invasión de sustancias altamente dañinas, para probar la fuerza que tiene y aprovecharse de las debilidades del cáncer. De alguna forma, lo que se repite en mi mente, es todo lo que pasó en agosto... cuando voluntariamente accedí a que se mutilara mi cuerpo, cercenándose una de mis piernas, con la esperanza de que mi salud general no se deteriorara. Debe ser que soy demasiado animal y el instinto de supervivencia sigue venciendo a mi razón.

Además me abraza un sentimiento horrible de ansiedad por todo lo que puede pasar. Tengo miedo de lo que pueda pasar durante y después de las sesiones de quimio. Se que las sustancias que me pondrán serán super agresivas, porque el tipo de cáncer que tuve, también lo era. Además, por mi tamaño, la cantidad de veneno que me pondrán será muy superior a lo normal, con lo que, según me explicó el doctor, los efectos secundarios se potenciarán... y he leído y escuchado tanto sobre el tema, que siento que la cabeza me va a explotar.

Ayer le pedí a mis compañeros del Sindicato, a mis jefes, que me permitieran retomar mi trabajo de la forma más normal que me sea posible, para evitar entrar en depresión (sugerencia que me dio el doctor), pero hoy me han puesto unas pocas tareas y no he podido enfocar mi mente a ello... hasta muy en la tarde pude sacar una nota, una pinche nota... eso me hace sentir muy mal. Siento que le quedo mal a quienes confían en mí, a Walter...

Hace un rato Marcia me dio una gran sacudida, un golpe al hígado para hacerme reaccionar. Un compañero del trabajo está agonizando debido a un cáncer de próstata que se le extendió por la columna vertebral hasta los homoplatos y de ahí a los pulmones y ella me recordó la falta de sentido de mis temores, cuando yo tengo la oportunidad de mejorar con la quimio, mientras Fernando, el compañero enfermo, no tiene ya esa oportunidad. Eso es lo mismo que me dice mi cerebro, pero las sensaciones están tan exacerbadas, que de verdad no se como apagar el escándalo.

Me espera una noche de fantasmas, los truenos no paran y la oscuridad está ennegreciéndose aún mas...